Luis Alonso Hernández
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Medios
Las lógicas transnacionales impugnan los fundamentos institucionales de los sistemas de comunicación de los estados-nacionales. Al conectarlos con las normas de redes planetarias, resulta que el proceso de desregulación prefigura una profunda mutación del modelo económico y social. Para referirse a esta fase de la integración mundial, iniciada en los años ochenta, ha surgido la noción de globalización. Tomada de la lengua inglesa, trata de abarcar el proceso de unificación del campo económico, y, por extrapolación, de diagnosticar la situación general del mundo.[1]
Los Primeros pasos de la globalización se dieron en la esfera de los intercambios financieros. Los marcos de los sistemas nacionales quedaron rotos. Los espacios financieros pasaron a integrarse a un mercado global, como consecuencia de la interconexión generada en tiempo real. La mundialización-globalización es un componente de la cultura contemporánea.[2]
Entonces la globalización consiste en un modelo de gestión de empresa que, como respuesta a la creciente complejidad del entorno competitivo, lleva a cabo la creación y fomento de competencia a escala mundial, con el fin de maximizar sus beneficios y consolidar sus mercados. La globalización es la forma de lectura propia de los especialistas en management y del marketing. Una empresa global es una estructura orgánica en la que cada parte debe servir a la totalidad, cualquier fallo entre las partes, cualquier obstáculo al libre intercambio de flujos, trae consigo el riesgo de colapsar el sistema. Para esto la comunicación ha de mantenerse omnipresente.
En 1968, el canadiense Marshall Mc Luhan asentando sus análisis en la primera guerra de la televisión en directo, la guerra de Vietnam, había apostado por la imagen electrónica, y decía que gracias a la capacidad de la televisión de actuar sensorialmente sobre sus audiencias, la llegada de la “aldea global” (la comunidad que vuelve a encontrarse por medio de la pequeña pantalla) está reduciendo enteramente las amenazas de guerra, haciendo que reduzcan las diferencias entre militares y civiles, y haciendo progresar decididamente todos los territorios no industrializados. Por el mismo tiempo, Peter Drucker, teórico de la gestión de empresas, menos inclinado hacia una utopía comunicacional, cree descubrir en la nueva fase de integración en la economía mundial la entrada definitiva en la era del global shopping center, y de la global factory, de la que da como modelo las redes de producción de IBM[3].
Zbigniew Brzezinski, prefiere hablar de “ciudad global”, ya que el individuo corre el riesgo de ser introducido en un entorno anónimo. El publico un libro sobre la “revolución tecnotronica”, publicado en 1969, en donde pone de relieve la nueva interdependencia ocasionada por la “revolución de las comunicaciones”. Considera que la diplomacia de las cañoneras cede el sitio a la diplomacia de las redes. La noción de imperialismo ya no resulta válida para explicar las relaciones que mantienen los Estados Unidos con otros países. Y esto es (a palabras del propio Brzezzinski) porque la superpotencia norteamericana se ha convertido, al contrario de la otra superpotencia (la URSS), generadora de tedio y de penumbra, en la primera sociedad global de la historia.
Los Estado Unidos son la sociedad mas comunicada, ya que el 65% de las comunicaciones mundiales parten de ese país, haciendo que esta omnipresencia la convierta en la vanguardia del modelo global de modernidad, en el eje de de sistemas de comportamiento y de valores de alcance universal. Cabe señalar la analogía que hace Jean Baudrillard sobre los términos “global” y “universal”, el menciona que la universalización tiene que ver con los derechos humanos, la libertad, la cultura y la democracia, contrariamente, la globalización se refiere a la tecnología, el mercado, el turismo y la información. La globalización va en una irreversible avanzada, mientras que la universalización va de salida[4]. Esto trasciende a las culturas firmemente más arraigadas, a las identidades nacionales especificas y hasta a las religiones más tradicionales y solidas, se está elaborando una “nueva conciencia planetaria”, y toda cultura que deviene de lo universal pierde su singularidad y muere.
Las industrias culturales de los Estados Unidos, dominados por la televisión y el cine, aparecen siempre estableciendo los parámetros de globalidad y tiene como principal fin la convergencia cultural de los consumidores, creándose así una monocultura, que conlleva a una crisis cultural, pues la irradiación triunfante de la globalización va erradicando todas las formas de diferenciación y todos los valores universales que defendían esa diferencia.[5]
Para Cornelius Castoriadis, la característica central de la crisis actual es el apagamiento de un proyecto de autonomía; en donde los individuos puedan darse sus propias leyes, que ellos asuman que son los creadores de las leyes que los gobiernan y donde la democracia es propuesta como régimen y no como la suma de procedimientos; lo que logro el asenso de las sociedades de consumo. Esto ha provocado la desaparición o el retraimiento de los movimientos contestatarios, acompañado de la apatía e indiferencia por parte de la mayoría de los ciudadanos[6], que gracias al triunfo un pensamiento único y hegemónico del capitalismo, que ha entrado en esta nueva fase de su desarrollo con la mundialización de la producción y el intercambio, trae como consecuencia la perdida de control de los estados nacionales sobre la economía y el poder, cediéndolo a las grandes transnacionales que ha hecho que hasta el momento la idea de que el crecimiento ilimitado de producción y de las fuerzas productivas sea la finalidad central de la vida humana.
La sustitución del libro impreso por la pantalla de televisión, el paso de la palabra a la imagen, del discurso a la figura o como prefieren los acuñadores de términos, del logocentrismo al iconocentrismo[7] trae consigo un empobrecimiento de la capacidad de entender. Sabemos que las palabras que articulan el lenguaje humano son símbolos que evocan también a representaciones y que por lo tanto llevan a la mente figuras, por ejemplo auto, gato mesa, etcétera, que sería nuestro vocabulario de orden práctico. Pero por otro lado casi todo nuestro vocabulario consiste en palabras abstractas que no tienen relación alguna con cosas visibles y que su significado no se puede trasladar a imágenes. Entonces la sustitución de las palabras por imágenes anula los conceptos y nuestra capacidad de abstracción al presentarnos ideas concretas traducidas en imágenes. Entonces lo que nosotros vemos concretamente no produce ideas, anula nuestra capacidad imaginativa; pero esto si insiere en ideas que lo encuadran y lo significan[8].
Entonces la palabra es un símbolo, que se resuelve en lo que significa y la entendemos solo si conocemos la lengua en la que esta escrita, de lo contrario solo es un sonido. La imagen, por el contrario es pura y simple representación visual, para verla es suficiente poseer el sentido de la vista. El medio de comunicación por excelencia es la televisión. Con la televisión nos aventuramos en una novedad radicalmente nueva. La televisión no es un anexo al aprendizaje, es una sustitución, es una modificación de la relación de ver y entender.
Así pues los medios piensan dentro de nosotros y nos orientan a actuar y decidir. Disminuye la participación ciudadana en las actos públicos, las instituciones publicas, al servicio de las grandes empresas, cumple con la finalidad de alejarlos de los asuntos públicos, persuadiéndolos de la inutilidad de su participación. Esto produce un sujeto conformista y privatizado, todo el objetivo colectivo ha desaparecido, cada uno ha quedado reducido a su existencia privada llenándola de un ocio prefabricado que suministran los medios de comunicación, en donde la propagación y la multiplicación de imágenes aniquilan el poder de las imágenes y eclipsan el significado de cualquier suceso. Ellos son los que deciden como vivir, que comer, que vestir, que comprar, donde vivir, todo en pos de una lógica de consumo y mercado.
Ante el avance imparable de la edad multimedia, ¿aparecerá una nueva forma de pensar, un pospensamiento acorde a la nueva cultura audiovisual?[9]
[1] Armand Mattelart, “La mundializacion de la comunicación”
[2] Nestor Garcia Canclini, “La globalización imaginada”.
[3] Armand Mattelart, “La mundializacion de la comunicación”
[4] Jean Baudrillard, “la violencia de lo global”.
[5] Jean Baudrillard, “la violencia de lo global”.
[6] Yago Franco, “lo que el mercado se llevo”.
[7] David Lyon, “Posmodernidad”
[8] Giovanni Sartrori, “Homo videns”
[9] Giovanni Sartrori, “Homo videns”
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